FILOSOFÍAS ESQUINERAS | LA ANTINATURALEZA

Quien no se contenta con poco no se contenta con nada.
Epicuro

“Bendita nuestra tierra, madre querida que todo nos da, todo crece, todo florece perfectamente a su tiempo”, dice mi amigo Marcos, mejor conocido en el barrio del Infiernillo como “Don Puro”, gran conocedor empírico en materia del campo y por ello de la naturaleza y otros tantos conocimientos que a ella rodean. 

Don Puro es una persona excesivamente amigable, de ese tipo de personas que siempre tienen algo que contar y jamás se aburre de escuchar, cuando uno anda con él es asombrosa la cantidad de gente que le habla, lo saluda y por lo regular siempre intercambia algunas palabras, a veces cortas, a veces tan extensas que pueden llegar a durar horas, aun así, cada experiencia, hasta cuando sea la misma, la cuenta con tal asombro como si hubiera sucedido apenas ayer. 

A Don Puro lo veo regularmente durante las vacaciones, su experiencia me ha enseñado muchas cosas, como, por qué es mejor sembrar el frijol o la calabaza al pie del maíz, en qué partes de las montañas se pueden encontrar los mejores hongos para comer, o por qué se debe sembrar un árbol en tales fechas y las mejores formas de cortar café. Siempre hay algo que aprender de las largas caminatas dentro de la Sierra Madre con Don Puro, pero creo que la última que más me ha dejado pensando este verano es cuando platicaba sobre el periodo de las lluvias, ya que coincidíamos en la diferencia de llegada de las lluvias en los años anteriores y el actual; en años previos las lluvias habían llegado desde mayo, mientras que para este año la sequía se extendió hasta julio, cosa nada fácil para quienes viven del campo, esto repercutió muchísimo en que muchos productos no se lograron y los pocos que se lograron aumentaron su precio de manera excesiva entonces se ha vuelto una cadena que afecta no sólo a quienes viven del campo sino a todos, pues al final requerimos de aquellos productos, sin embargo la forma de ver las cosas es interesantemente distinta entre la ciudad y el campo, recuerdo que en la ciudad la mayoría de los comentarios suelen ser negativos y en realidad parecen ser más quejas (honestamente nunca he comprendido contra quién, pero ahí están): “Cada vez están más caras las cosas”, “¿Qué vamos a hacer con tanta alza?”, “hasta cuándo tendremos qué soportar”, etcétera. Mientras que en los pueblos sí tienen un poco más claro que no hay contra qué o quién quejarse, pues si no hay lluvias (salvo que sean tierras de riego) no se puede hacer gran cosa, más que esperar. Esta espera es la que se vuelve poco comprendida en estas épocas, dice mi amigo Don Puro; “la gente de todo se queja, que si hace mucho sol, que, ¿por qué? Que si llueve mucho, que pinches lluvias nomás nos inundan. Al final nada nos tiene contentos, de todo nos quejamos, que si llueve bastante o hace mucho calor, nada nos gusta, pero no somos los que agradecemos porque llueva o porque salga el sol, no somos los que comprendamos que la naturaleza sabe cuándo y cómo trae las cosas, ella nos da todo sin pedirnos otra cosa más que la cuidemos”. Don Puro no había oído hablar de los filósofos naturalistas, hedonistas ni de los estoicos, sin embargo, en su plática parecía mostrar lo contrario, para él la relación entre el ser humano y la naturaleza más que obvia es imprescindible, sólo que el problema real radica en no reconocerlo; sentirse poseedores de y no parte de, “la misma gente que se queja es la misma que anda tirando basura, la misma que ensucia los ríos, cortan árboles y no cuidan el entorno, el problema es que exigen mucho sin dar nada”, probablemente la experiencia que Don Puro ha tenido pueda dar un poco de muestra sobre lo mucho que nos cuesta soportar nuestras propias actitudes, pues al final todas las acciones que realizamos (dice él) afectan a todos, y hasta que no comprendemos esto no podemos salir del pensamiento individualista que todo exige para sí y nada tiene para dar, de ahí que no conciban que la felicidad no sólo depende de uno, sino como lo planteaba un tal Epicuro, no es que el placer radique en uno o en la materia, mucho menos en la posesión de ella, sino más bien en la comprensión del lugar que ocupa uno en el mismo espacio que la materia, no como entes separados, sino unidos por ella misma, y el daño que le hacemos a ella (en su forma de naturaleza) no es otra cosa que el daño que nos hacemos a nosotrxs, a aquellxs y a lxs que vendrán. Que al final también serán nosotrxs. 

Al Barracuda.
Luis Melchor (El Tres)
 julio de 2024
#LaNaveVa

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