Radiar frente al espejo. Mirarse persona. Mirarse piel. Mirarse. No face de las Savages sonando en la alexa. No se me hace tarde, y si sí no me importa. Me van a esperar como sea. Tienen que esperarme. Saben de mi destrampe y #alocadofrenesí. La canción me hace mover la cabeza, menear las caderas y sacudir los hombros. Y me miro, comienzo a sacudirme, cierro los párpados y estoy en otro sitio, en uno de intensa energía. Me doy el vistazo final frente al espejo, salgo de la habitación y le doy tres jalones al vape.
El señor de la combi le sube el volumen cuando dejan ir una del Nata en el programa de radio, después me recibe mis seis pesos, cierra la puerta con la palanca metálica, se arranca esquivando charcos y baches. Me siento y entresueño antes de llegar al metro. Me despierto, o lo intento, en la combi se queda retumbando una del Gabito y Maydón. Entro al metro y el eco del francés haitiano se queda vendiendo uvas en la esquina. Subo las escaleras, llego al anden y desde donde estoy se mira la iglesia, el cerro y las enormes nubes que se mueven poco, #casinada. El mucho ruido, el acelerar mecánico del metro, me distrae hasta el sueño, atento de las estaciones, sudando pensamientos, viajo. Me acuerdo de una rola de Tame Impala antes de espabilarme la pesadilla citadina y levantarme del lugar en el que me aplasté y defendí hasta el ronquido. La puerta se abre y respiro un aire más fresco, menos guardao, me sacudo la hueva y camino, transbordo, en el metro, de nuevo, otra gente duerme, otros platican bajito, otros piensan y algunos más venden cosas, de #tokyojapón, accesorio para el celular, la golosina de moda, el juguete, la novedad se vende y me bajo en la siguiente estación. No llueve en la Ciudad, camino por las peculiares luces de las calles de la Colonia Roma. Afuera del Indie varios grupitos de personas cotorreando, chela previa, fumando, atizando… pero no me esperaron #quécabrones.
Entro, una cumbia habilidosa de Toromata me distrae el oído y camino en los metros cuadrados del lugar, ningún mensaje, nada, me aguanto para no parecer insistente, me intolero a soledades entre los rincones oscuros del sitio mientras la cumbia de la banda abridora intenta quitarle tensión al esqueleto.
Cuando me doy cuenta que me están marcando ya no tengo ganas de contestarles, sé en dónde están, les estoy mirando, no es muy grande el lugar, nomás que no me esperaron y pues #gachos, y ya saben cómo me las gasto en el sentimiento. Trato de acomodar algunas ideas, las personas esperan la hora del meneo con Los Pirañas. La última canción de las primeras cumbias y la pandilla se dispersa para ir al baño, me escondo en una sombra e intento no moverme mucho, los veo pasar y ni siquiera me prestan atención. Me quedo inmóvil en las penumbras del Indie.
Las personas regresan al foro y se instalan en el lugar ideal para el sandungueo. Las luces se apagan para atestiguar la aparición de animalejos chiquitos pero picosos, Los Pirañas dejan ir sus primeras notas ácidas y el cuerpo agradece las dosis, la conexión estaba dada en esa enorme habitación en donde se compartía un mismo instante, un bailar, una música y los pasos prohibidos, la posibilidad de acudir al movimiento gozoso en el ritmo de la batería y el andar insistente del bajo. Entonaron la melodía más jocosa de la noche, mi preocupación sucumbió y atestigüé la soledad en mi piel, en mis ojos, las luces del lugar se convirtieron en los destellos que me condujeron hasta el mar más profundo, más inmenso, supe de mis soledades en el baile, en la guitarra, en los gritos de las personas animando la nocturna espesura. Entonces me sentí parte de alguna extraña historia, en mis soledades, en mis tiempos, me sentí ajeno, sentí un temblor en mis piernas, un nervio me recorrió la vida, un nervio me insistió el pensamiento, un nervio absurdo, un nervio de otros mundos.
Suponerse en el vivir
Entra a escena una persona. La escenografía nos invita a pensar en una habitación de un departamento del infonavit, muebles de madera, repisas con vajillas, fotos y trofeos. Una televisión sobre un mueble moderno. La persona camina por la habitación, en silencio comienza a observar su alrededor. La persona silba, busca algo entre los cojines del sillón, encuentra un control, enciende la televisión. En la pantalla, extrañas imágenes, colores, una luna, la noche, un lugar, personas bailando, un sujeto con aspecto nervioso, derritiéndose en alguna soledad. Las luces del escenario se apagan. Silencio.
DRN… insensato





















