MANZANA CON CHAMOY

El policía da una mordida a la manzana con chamoy y la sostiene con la mano derecha. Sentado, voltea para ver si no lo andan fiscalizando. Respira hasta que los pulmones obtienen un alivio. Le altera los nervios poder ser sorprendido por el supervisor que ya le ha dicho que no coma en horarios laborales. La manzana se la dio una trabajadora de la compañía, le dijo que se la había comprado por ser tan amable, el policía le dijo que no se lo permitían, que no le dejaban comer, la trabajadora le dijo que se la había comprado a él, que no le hiciera el feo. El policía, con una sonrisa de antojo y hambre, la tomó y la guardó entre el chaleco antibalas. Cuando iban llegando los últimos autos del horario de las once, el oficial le dio las mordidas a su manzana. Cuando menos lo esperaba, el supervisor llegó.

– Buenos días, Robles
– Comandante… (aún masticando y con el trozo de manzana atragantándose en su garganta)
– No pus pásese el bocado… ya le dijimos que no ande comiendo en horas de labor
– Perdone señor
– Perdónese usted, ¿que no desayunó?
– Sí, pero me la regalaron…
– Buenos pues guárdesela y alístese en su puesto
– Sí mi comandante…

El comandante se fue a ver a quién más chingaba. El policía flaco y de gesto pícaro, se terminó la manzana, que por cierto, estaba deliciosa. Un auto entró al estacionamiento, el conductor escuchaba a buen volumen un bolero ansioso de amores inolvidables. Las primeras gotas de lluvia chocaban con las hojas de los árboles más altos que asomaban sus salvajes raíces en el asfalto.

DRN… invadido del sabor

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