LA MUJER QUE ESPERA Y CAMINA Y ESPERA

Apenas puede cargar en su mano débil el pequeño canasto en donde reposan varias monedas, difícilmente puede con su cansancio, con el arrastre de su existencia, camina demasiado lento sobre el pavimento, estira la mano y enseña el canasto de mimbre para ver si los automovilistas le dan un peso. Detrás del cubrebocas esconde el sufrimiento del vivir. Camina entre los autos, las y los conductores apenas le miran, apenas se dan cuenta de su dolor, de su mirada sin esperanza, de la angustia en su ser, en sus movimientos. La luz del semáforo en rojo, en amarillo, la anciana, bajo su reboso, camina hacia la banqueta, se detiene cerca de un árbol y recarga toda su angustia en el áspero tronco del árbol que lleva años esperando, parece que le ruega, que le pide con sufrimientos algo, alguna calma, algún milagro, la señora no puede más, no en esa tarde húmeda y acalorada, no puede más con su piel, con su canasto y las pocas monedas, no puede.

DRN… y llueve, y a veces no…

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