FILOSOFÍAS ESQUINERAS | LXS CONTRA CORRIENTE…

Los estados son como los hombres, nacen de sus mismos rasgos

Platón

Hace poco más de dos milenios, cierto hombre llamado Aristocles, mejor conocido entre los suyos como Platón o “El de espaldas anchas”, muy famoso por ser considerado uno de los más grandes filósofos de la antigua Grecia, hacía gala de su conocimiento para profesar varias de las inconsistencias e imprecisiones en las que podía llegar a caer un sistema como el de la democracia. Tal vez su mayor preocupación fuera al ver que la vida de su querido maestro pendía de un hilo que, justo o no, sería dictaminada por la decisión de las “mayorías”.

Es quizás en esta relación entre la justicia y la democracia que se abriría una enorme polémica que desde aquellos años aún no acaba de cobrar sentido del todo. Al menos en la actualidad no parece que el sistema democrático, que desde entonces existe, haya tenido los resultados idealmente esperados. Pero ¿qué sería lo que idealmente se espera de un sistema como la democracia? He ahí el meollo del asunto, que si seguimos la misma definición, la respuesta tendría que ser algo así como que el gobierno se rija a sí mismo desde “del y para el pueblo”, cosa nada sencilla.

Saltémonos aquellos dos milenios y cacho para cuestionarnos ¿por qué en la actualidad es censurado, omitido o hasta descalificado aquél que, siendo del pueblo, decide no decidir? ¿No parecería hasta cierto punto una contradicción? ¿Qué es lo que hace que se piense que los que sí votan son los únicos que tienen derecho, mientras que los “otros” que no, no tienen derecho ni de aportar una opinión? Tan dividido y delimitado se ha vuelto el parámetro que rige tanto a la opinión como el argumento, pero esto a más de llevar a cabo el ejercicio democrático, parece hacer todo lo contrario, creándose así conceptos irrelevantes, vacíos y despectivos como lo son “Chairos y Fifís”; por un lado unos atacan a otros considerando que “no son el pueblo”, o en el mejor de los casos, que sí lo son, pero son los que están equivocados, y por ello entonces no saben, es decir, entre el mismo pueblo se atacan los unos contra los otros en una cerrazón que no lleva a nada más que a alimentar no sólo la falsa democracia, sino al sistema partidista.

Y sí, lo cierto es que es esa mecánica partidista la que termina siendo beneficiada, haciendo creer a los unos o a los otros que “estos sí son los buenos”, no, mejor dicho, y en sus propias palabras “aquellos son peores”. Si en algún momento se ha llegado a pensar que se vota por el mejor “candidato o candidata” en éstos últimos periodos hemos sido testigos de que se ha vuelto común elegir “entre el menos peor”, y parece chiste, pero yo creo que a más de uno nos ha tocado escuchar quienes se enorgullecen de ello, cuestión que sería bastante penosa en otros parámetros.

Desde que recuerdo, hay muchos que se identifican por los colores de cierto partido, que si azules, que si rojos, verdes o amarillos, como con anteojeras frente a que los representantes constantemente se cambian de uno al otro. Y así con todo a la defensiva, unos se dicen menos peores que los otros. Perdonarán ustedes, pero frente a las decepcionantes propuestas entre el malo y el peor, a veces el uso de la más sensata razón nos lleva a cuestionarnos si en verdad se está llevando a cabo un verdadero ejercicio de la democracia, el “no estar de acuerdo” frente a la impresentabilidad de las únicas dos o tres opciones también debería ser igual de válido que el estar de acuerdo, más aún, no tendría por qué ser intolerable, pues tal parece que de lo contrario es como si la sociedad misma fuera adquiriendo en su hábito el discurso semidemocrático partidista, esa misma sociedad que va imponiendo al mismo sistema, al que si no lo respetas entonces representas un problema.

¿En verdad representará un problema quien piensa más allá del discurso sobrevendido y hoy en día cotidiano? ¿Era Platón un peligro para la democracia? La respuesta, aunque demasiado compleja, residiría en la opinión propia de cada quien suspendiendo la visceralidad de los colores partidarios, y sí, tendría que caber en cada persona del verdadero pueblo, y no tan sólo de sectores, así lo plantearía aquel otro filósofo francés de apellido Sartre; “No elegir, también es una elección”, obviamente continuando su mismo pensar filosófico tendrá que ser forzosamente una no elección totalmente responsable, no es solamente no ir a votar, es saber por qué no se va a votar, y más aún, ser conscientemente responsable de que no por ello se deberán dejar de ejercer derechos ni obligaciones, ser ciudadano, de acuerdo o en desacuerdo es más que una simple elección, es de salmones, y como los salmones es ir contra la corriente…

A los Salmones.
#pulgareslímpios
Luis Melchor (El Tres)
mayo del 2024
#LaNaveVa

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