Inquieto, abro los párpados, salgo del sueño, recuerdo que ayer mi chava me dijo no te azotes, me cago de la risa, me vuelvo a dormir. Me despierto, trato de ubicarme en el planeta, de hacerme vida, de sentir sangre en mis venas. Entorpezco mis ganas de vivir y pestañeo veintisiete minutos más, despierto, #enserio #deverdad, sintonizo mi respiración con una buena tonada de música obscura, Komakino desespera mi amanecer. Confundo la vida con un cuadro de Francisco Icaza, Los Médicos. No me entiendo, no me acuso, tampoco me respiro bien. Mañana, tarde, noche, no lo sé, me intriga el instante, me intrigo y me entrego. No hay agua en casa, no fluye por las tuberías y el sudor sigue adherido al cuerpo. El grillo debajo de la cama canta desesperado en sus noches eternas, me desespero, apresuro mi tiempo para vestirme, para entregarme a la vida que me odia, y sudo, sudo, sudo de mí, sudo lo mío, sudo.
En la calle, con una tonada de los Bándalos Chinos en la testa, en la neurona traviesa, intento caminar normal, pero normal no soy, normal no me encuentro. Una mujer me rebasa, me despedaza la rutina, una mujer y su voz: … pinche mierda, pinche mierda, pinche mierda. El inclemente calor en la Ciudad me odia, camino en mis rencores, lento, todo lo hago lento.
DRN… más que lento.
EL HOMBRE DE LOS PASOS LENTOS Y LAS IDEAS REVUELTAS

