Sssszzz, ssszzz, ssszzzzss, sssszzzz, ssszzz, ssszzz.
— Ay, es que de plano ya no sé qué hacer con los chamacos…
— ¿Por?
Sssszzz, ssszzz, ssszzzzss, sssszzzz, ssszzz, ssszzz.
— No sé, no sé, ya no les entiendo, ya no los entiendo, les doy todo, les hago todo, trabajo para que estén bien, para que tengan algo de comer diario, pero nada más no entienden, no se dan cuenta, no sé qué es…
— Pero, ¿por qué tendrías que saber?
Sssszzz, ssszzz, ssszzzzss, sssszzzz, ssszzz, ssszzz.
— Pues porque soy su madre, los conozco desde siempre, sólo por eso, pero en serio que ya no puedo, no puedo más, diario lo mismo, diario, digo, no es que sean malos conmigo…
— ¿Entonces?
— … es que no son, no son…
— No son como tú quisieras…
— Ándale, algo así, no como yo que quisiera, pero de menos como esperaba…
— Ya…
Sssszzz, ssszzz, ssszzzzss, sssszzzz, ssszzz, ssszzz.
— Y, ¿qué piensas hacer?…
— De pensar, nada, nada, no me reclaman nada, o no me lo dicen, pero lo sé, no sé si es lo de Humber…
— El papá…
— Dizque… no sé si es eso y no me lo dicen o no sé qué cosa, o la vida o diosito, yo qué sé pero sí por mi fuera no serían así…
— Si por ti fuera, pero no es por ti….
Sssszzz, ssszzz, ssszzzzss, sssszzzz, ssszzz, ssszzz, Sssszzz, ssszzz, ssszzzzss, sssszzzz, ssszzz, ssszzz.
En la calle de la Alcaldía Tláhuac el calor deshidrataba las mentes, las ideas, aumentaba las pasiones, las remembranzas. Las señoras seguían en su plática mientras las uñas de Rosa eran limadas por Carmen en esa primera etapa de la manicura, aquellas uñas maltratadas rogaban unas caricias y Carmelita sabía cómo hacerlo. El ventilador dentro del lugar de paredes azules les aliviaba uno que otro dolor al mismo tiempo que se llevaba entre los vientos sus palabras repletas de honestidad. La Ciudad pedía clemencia ante las enérgicas ganas del sol y sus ardientes caricias.
DRN…
LA MUJER DE UÑAS MALTRATADAS

