Cuando el calor está en esa actitud insoportable toda mente se nubla, se distrae, se reclama. En la avenida Tláhuac el semáforo está en verde y la gente cruza la calle, motos aceleran para ganar el cruce, un microbús gris antiguo se detiene casi en la esquina, en donde ya le espera el hombre de gorra blanca con piedritas brillantes, pantalón pesquero de mezclilla, tenis jordan imitación, un cuaderno italiano de cuadro grande con la pluma azul entre la espiral en su mano derecha, en la otra mano un atomizador de plástico con un líquido aromatizante en su versión canela. El hombre se sube al primer escalón del microbús mientras éste emite un ruido de querer frenar; entre gritando y platicando se dejan ir palabras:
– Qué hubolas, ése, adelantito va el Estopas, lleva cinco… qué, ¿vas empezando? Vas empezando… ¿vas empezando?– el hombre estira la mano para que el chofer le dé unas monedas– cámara, eso, eso…
Un joven de gorra negra, sudadera gris, carga una pequeña vitrina de gelatinas, convencido de acabar con la mercancía de hoy, se acerca al hombre del cuaderno y le ofrece una gelatina.
– ¿Una gelatina?
– Íjole mi niño… mmm… ¿de qué traes?…
– Grosella, limón, fresa, anis, chocolate, vainilla, vainilla con nuez, coco con nuez, también con pasas…
– Mmm… a ver mi niño, dame esa roja y llévale una a mi chava, que está allá, abajo de la lona azul, en la esquina, dile que se la mando yo…
– ¿Y quién es usted?
– El México, dile que se la manda el México… que agarre la que quiera…
– El México, bueno… gracias…
El México le da un montón de monedas al joven vendedor. El sol en sus llamas. El pavimento de la Ciudad cantando corridos. El joven atraviesa la avenida con el semáforo en rojo, se acerca a la lona azul, ofrece las gelatinas.
– ¡Ira! (chiflido), ira, ¡escoge una, la que quieras…!
Después de gritar, el México apunta con la pluma bic azul unos números arriba de otros números que estaban entre otros números. Se da un golpesito en una bolsa de sus pescadores sólo para sentir el montón de monedas que esperaba aumentara en las siguientes horas. En la calle de enfrente una gran carrosa fúnebre negra era acompañada por una banda sinaloense: trompeta, tarola, tuba, clarinete, canciones tristes, además de muchas personas que caminaban a paso lento, ese paso lento, y esa cara de profundo desconcierto, esa cara. Entre las personas, un sujeto pálido, con esa cara, caminando con ese paso.
DRN…
ESE PASO, ESA CARA

