En un mundo en donde le cantan a la luna, le escriben poemas, se la tatúan en la piel, en ese mundo se me aparece el sol espantando nubes. En ese mundo, ese planeta que gira y gira, esa gigantesca cosa con vida, en ese mundo se me aparece la calma, el sueño, la respiración lenta. Un perro espera sin temor el paso de la muerte que sólo pasa de largo y trata de no sucumbir de la risa ante el canto desentonado de un viejo borrachin que, con el machete bien enfundado, canta una del desamor apenas agarrándose del poste de luz. En este sitio de sitios, en este canto de grillos, los gigantes, las guardianas, observan la vida humana desde sus impacientes ansias de piedra. En este lugar de lugares la vida le susurra al viento canciones del olvido.
DRN… calma’o















