RUINAS

El señor alto y flaco apenas puede con su existir, su tono de piel invita a pensar en las sombras y el aburrimiento del cuerpo, necesita ayuda para caminar, le apoyan su sobrina y su nieto, el señor da un paso con mucha dificultad, da otro aún más complicado, otro y se detiene a respirar algo, algo, aunque sea poco, respira y después vuelve al dolor de la vida, al incesante reclamo de la humanidad, de su humanidad, al dolor de la galaxia, vuelve e intenta dar otro paso, entra al consultorio…. Se sienta en las destartaladas sillas de espera, segundos después, de manera repentina se pone de pie en busca de aire, igual, repentino, abre los párpados y dice con la voz adolorida, de las ruinas entre las luces de la tarde… de un movimiento brusco se sienta otra vez, ahora sin ayuda, cuando la matutina situación de la Ciudad se empeña en recitar corridos tumbados de los gruesos.

DRN… balbuceante 

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