FILOSOFÍAS ESQUINERAS | EL ANTISANVALENTÍN

Para la herida el hilo de amor es vida, 
para un roto siempre habrá una descosida…
Fores Basura, El Forty.

 ¿Qué le vas a regalar a la Dana? dice en la calle un pequeño de entre ocho a diez años a su compa que por el físico pareciera un poco mayor (a saber, si era cuate, amigo o pariente). –No lo sé, no tengo dinero y quizá ni la vea, le responde con un intento de sonrisa entre los labios que dejaba asomar un poco de timidez, pero a la vez tristeza. –Pues si no tienes no le compres nada, los regalos no son obligación, contesta el pequeño– pero puedes estar con ella, escríbele una carta o tan sólo pasa un rato a su casa y dale un abrazo, no todo tiene que ser material. Dice mientras le pica las costillas y se echa a correr. ¿En qué momento surgió la relación entre lo que hoy en día se considera “amor” con la necesidad de “evidenciarlo” a través de un regalo? ¿Por qué el hecho de no hacerlo puede llegar a generar angustia o en cierta medida hasta culpa, en algunas personas? (como en el caso de nuestro cuate). ¿Por qué una fecha que supuestamente se pensaría como regocijo y alegría se convierte en una pesadumbre? 

Muy a menudo pasa uno por la vida creyendo estar enamorado, y resaltamos el creer porque es un tanto difícil llegar a estar seguro de ello, pues comúnmente resulta que nos equivocamos, luego se encuentra a otra persona y se vuelve a pensar que “con esta sí” pasa, sí, constantemente y a muchos, y llegar a negarlo nos pondría en aprietos frente a nuestra forma de asumirnos. Siendo realistas y analizando el contexto actual, suelen ser contados los casos en los que las parejas perduran, cada vez parecen más constantes y comunes las rupturas desde noviazgos hasta divorcios, ¿Será acaso que cada vez nos soportamos menos?, y con ello no nos referimos a “soportar” entre parejas sino a soportarnos a nosotros mismos. En una de las tantas platicas que hemos tenido mi querido padre y yo, me dijo algo que desde entonces no olvido y que de repente me hace mucho sentido, ya que hablando de lo mucho que ama su vida le pregunté si teniendo la posibilidad, ¿le cambiaría algo? pero con total firmeza y gran seguridad me respondió efusivamente; –¡No, nada!– 

Y si tuviera la posibilidad de volver a vivir esta misma vida, mil veces la vuelvo a elegir, con todo y sus errores, pues no es tanto por lo bueno, sino por lo que se sufre, que uno aprende a valorar lo que tiene. Es como el matrimonio, un matrimonio sólido se forja superando las adversidades, si tu madre o yo no hubiéramos soportado lo adverso, desde el primer malentendido ya nos habríamos separado, y desde entonces, “hace muchos años”, ya no estaríamos juntos. 

Pues sí, si me hace sentido que se parezca tanto a la vida, ya que quién piensa que la vida es sólo dulzura y felicidad es muy probablemente porque no ha probado lo amargo, pero si la vida es bella en efecto es porque existe esta dialéctica, tanta dulzura también empalaga. 

Esos sabores amargos son los que siempre van acompañados de lo dulce, decía el Marcelo, quizá sea que se le ha ido perdiendo el sabor a esta dialéctica, se ha vuelto más habitual querer todo lo dulce y evitar lo amargo, y así, al primer tropezón con lo amargo, no se cambia lo amargo, sino a quién lo produce, es decir a la pareja, pero no es que esto resuelva las cosas, porque seguir la misma receta nos lleva al mismo ciclo y cambiar y cambiar de pareja, algo similar a lo que se refería un tal Zygmunt Bauman con el término “amor líquido” o en otras palabras la fugacidad de las relaciones, cada vez menos duraderas y más desechables ¿Será acaso que de ahí provenga uno de los meros conflictos? Podrá ser que las mismas relaciones se hayan vuelto consideradas como un objeto, y no por el objeto en sí, si no por el uso que se le da, ¿será posible que esto se haya vuelto costumbre y que el estar cambiando constantemente de “cosas” haya normalizado cambiar constantemente de “relaciones”? y que cada que a la primera algo no sale como se quiere sea más fácil cambiar, como el teléfono móvil más reciente, globos, peluches o un hasta un par de calcetines, quizá el problema principal no sea tanto que muchos materialicen las relaciones, sino que esto no llena el vacío emocional, quizá tampoco sea qué tanto nos duren las cosas, sino más bien en cómo hacerlas durar.  Quizá tampoco sea el problema intentar entender lo que el amor sea, pues muy a menudo las cuestiones del corazón superan a la propia razón y frente a lo que el corazón siente poco se puede aseverar, pues como decía nuestro querido Pascal; “El corazón tiene razones que la razón ignora”. 

… para Alicia y Victor,
 el mejor ejemplo de amor 
que he conocido en la vida
 (Felices 45 años).
Luis Melchor (El Tres).
Febrero del 2024
#LaNaveVa

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