– Súbase doña, ¿para qué corre…?
– Sí verdad… siga aquí derecho pues, derecho hasta la esquina y da vuelta…
– ¿Usted es La Chica?…
– Sí, yo soy La Chica, y mi hija es la Blanca Iris, así le puse porque es blanquita pues, y todos decían que la blanquita que la blanquita, desde chiquita me la traían así… Sí, yo soy la dueña, aquí adelante, ahí estaciónese…
– Aquí adelante…
– Sí, ahí, dé vuelta a la izquierda y se sigue nomás tantito, entonces me salió güerita y le puse Blanca, entonces también así le puse al lugar… aquí nomás, aquí, ahí se puede estacionar, ándele, adelante…
La vida más que anciana, más que vetusta, comienza a sonar a canciones de Agustín Lara, el día amanece algo frío, pero promete un sol violento, un calor para derretirse un rato. En el mundo, aún, suceden los conflictos armados, en los medios alarman con noticias que hablan de un país infame. Las corridas de toros se resisten a desaparecer. El siglo, el nuevo milenio apenas balbucea cuando la luna en su faz más tenaz, con sus muchas estrellas rodeándole, nos tira la última risita de la mañana.
Falta carne, verdura, habas y chiles secos, que la Blanquis me ayude. Ay el Nico.
La doñona sigue pensando sus chifladurías y se apresura para chambearle duro al negocio que le da de comer a su familia.
DRN… aliviánese…
