Se despertó, cuello chueco, dolor en los músculos, lo primero que miró al abrir los párpados fueron las últimas luces del atardecer embarrándose en la ventana, moraditos raros; en su cabeza sonaba escandalosa una tonada de los putos Monos Árticos; mientras sus pupilas se atascaban de sol perezoso, imaginaba, estúpidamente, que alguien tocaba fuerte la puerta de madera.
DRN… en la vida
LA TONTA MANÍA DE IMAGINAR

