MAGOS

De algún lugar, de algún sitio, la vieja apareció en la vida, en el malestar solar. La calle, empinada, le esperaba desesperada. La vieja, sin temor, caminó, toda vieja, toda absurda, toda eso que ya fue; caminó y un hombre, al volante de la combi blanca, ruta setenta y nueve, le gritó:

— ¡Magos! No se canse, súbase, pero apúrele…

La Magos, sin saber qué día era, qué hora era, qué maldito año era, se subió a la combi y se fue pensando en esos tiempos en donde los muertos aún vivían.

DRN… suavecito

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