Un pinche frío hijo de la chingada. El hombre de espalda muy corva, traje gris, corbata verde oscuro, gesto risueño, carga su portafolio y camina con una cadencia de nubes perezosas deleitándose en la noche. Dos hombres fortachones y una mujer en ropa deportiva de colores oscuros hacen ejercicios de calentamiento, en una bocina portátil se escucha Astral Projection, la noche está en la tentativa de muerte pero trata de no sucumbir, de no cederse. Aquel hombre que se mencionó al inicio de este texto después de señalar que el clima estaba del carajo, digamos, se sentía del carajo, en la piel, en cada respiración lastimaba de tan salvaje, bien, en ese ambiente, el hombre de espalda corva siguió su camino por el parque, preocupado por las cuentas pendientes de la tintorería y, además, analizando muy seriamente su idea, así le decía, una mi idea, de, en verdad, estar viviendo, día a día, un sueño de alguien, o de otros muchos álguienes, habitantes de un planeta ajeno, distinto. En la bocina de les deportistas del parque, ya más lejana, se escuchaba ésa que dice, pena penita pena que yo siento que me da el tormento de tu falso amor.
DRN… y arránquese!
HABITANTES
