En el viento las palabras más hirientes, el más doliente roce de piel en las corrientes de aire citadino, el astro supremo detrás de una densa capa de nubes grises, inagotablemente grises, grisáceas nubesonas, la Ciudad atrapada en una cueva, la Ciudad una alcoba oscura. Caminaba por la colonia de medio pelo, entre divagaciones en las rocas cuando una mujer del otro lado de la calle que paseaba a su perro flaco me confundió con otra persona, se detuvo en la esquina, jaló la correa de su mascota, me miró desde la otra acera, no dejó de hacerlo hasta que la miré, levantó su mano derecha y con una gran sonrisa me grito, ¡Eugenio! Enturbiado en mis fatalidades, y quizá en ese momento queriendo ser Eugenio, la saludé, estiré los labios tanto como ella para devolverle la sonrisa y seguí mi paso fingiendo estar apresurado.
El sol apenas asomándose todo holgazán, las nubes haciéndole piojito, en mi mente la frustrante idea de que en este perro mundo hay más de uno que podría pasar por mí. Qué jodido…
DRN… en las rocas
CONFUSIÓN

