FILOSOFÍAS ESQUINERAS | LA ANTIFILOSOFÍA

Imagina que la vida es de aquí a la esquina.
Armando Ramírez, Chin Chin El Teporocho.

¿Cómo se filosofa?, ¿quiénes filosofan? Antes bien, ¿para qué se filosofa? Dicen los que dicen que saben que la filosofía es uno de los métodos más complicados del razonamiento humano, pero dicen los que no dicen saber, que más bien, y muy probablemente, es más una especie de facultad humana que no se le niega a nadie. ¿Qué podemos saber al respecto? tanto y a la vez tan poco. Tantos métodos, estructuras, modelos, teorías y definiciones que se han creado a partir de la tan famosa, repetida y en veces hasta teóricamente corrompida palabrita “filosofía”, que no faltará aquél que apasionadamente apegado a la etimología exija que se le considere como “el amor a la sabiduría”, o quien recurra a la ya clásica definición enciclopédica del “estudio de las cosas por sus causas últimas” o ya de perdida la muy coloquial y choteada “madre de todas las ciencias”, tan mal acostumbrados hemos estado a filosofar que de repente solemos creer que son éstas las respuestas correctas a las preguntas inadecuadas. Y es que cuando se intenta responder cada una de las preguntas iniciales, constantemente se cae en el fastidioso y siempre complicado problema de “querer dar una respuesta”, ¿no es acaso la intención misma de una pregunta? (se podrá cuestionar), muy probablemente no, y más seguramente nel, y es que es justo en la pregunta en donde se halla el quehacer filosófico y no en la respuesta, dicen otros tantos, eso de las respuestas es más de científicos ociosos. 

Entonces, si son inadecuadas las preguntas ¿Cómo deberían replantearse para estar bien? (se preguntarán algunos), y con ello volvemos a lo mismo ¡Muy probablemente lo cierto es que no hay respuesta verdadera! Porque al encasillar una determinada respuesta a una determinada pregunta volvemos al nuevo maldito ciclo de estancar el conocimiento y ponerle límites al propio cuestionamiento. Es por ello que grandes filósofos han tenido que recorrer desde los terrenos más complejos hasta aterrizar lo filosófico a lo más simple, la vida misma, pero hablar de “grandes filósofos”, no es hablar de los “más conocidos”, o de los “más nombrados”, “citados”, etcétera.

 “Grandes filósofos” no son los que más se repiten, quizá más bien sean los que más y mejor se preguntan, lamentablemente se nos ha acostumbrado a que por esto último se dé lo primero. Entonces puede que no es que sean ni Wittgenstein, Sócrates, Nietzsche, Marx o Freud mejores filósofos que la Tía Chofi de Jaime Sabines, Doña Lucy (la señora de los tamales), Alejandro el mecánico, o Everardo el taquero, sus motivos para que aquellos sean mayormente conocidos los tendrán, quizá los siglos en que han sido repetidos, quizá la tradición, aunque, ello no hace menos a los últimos. Pero es que si la filosofía se aferrara a quedarse únicamente con la repetición de esas mismas ideas y teorías y se olvidara de la práctica y se correría el grave riesgo de estar donde muy probablemente ya estamos; la constante repetición o la repetición constante.

¿Se ha convertido la filosofía en un ciclo interminable de conceptos y teorías que dicen que dijo tal o cual autoridad?, ¿y luego?, luego la filosofía se vuelve a-filosófica, no se permite ser cuestionada, bueno, sí pero “hasta donde los cánones la avalan”.  Estudiar un autor, creer saber qué pensaba, qué comía, hasta de qué lado dormía, hacer un examen, responder correctamente, aprobar, obtener el grado de filosofía y luego enseñar a los demás a hacer lo mismo. 

Entonces la filosofía se vuelve algo imposible de filosofar, o al menos se vuelve celosa de quienes lo hacen, lo hagan o cuestionen, se extiende una constancia de quiénes se les considera que, por estar encerrados tanto tiempo leyendo tanto, “tienen” la “capacidad”, dentro de un ámbito “académico” o “teórico”, de hueva muchas veces. Tremendo chasco que se puede llevar uno cuando aprende lecciones de ética en los tacos de canasta, cuestiones morales con la doñita de los tamales, o la manera más pura y noble de filosofar como aquella ocasión en la que teniendo tres años de edad a Max se le ocurrió preguntar ¿por qué los pájaros vuelan? 

Filosofan éstos y aquellos, filosofan para muchas cosas y en demasiadas ocasiones, quizá para todo y para nada, se filosofa por que sí, porque se puede, porque se da, con método o sin él, con experiencia o sin ella, teórica o prácticamente, académica o callejeramente. Es probablemente el antifilósofo el filósofo más cercano a la filosofía libre, desinteresada pero práctica, noble a sí misma, pero dejando huella al pasar por cualquier esquina, aunque ahí se quede, aunque sin estructura o gramática, sin referencias o academia, como muchas filosofías esquineras que nos rodean, o al menos que las rescatemos y logren enriquecernos en el quehacer cotidiano. Voces e ideas que nos invitan a reflexionar mientras uno se atraviesa un taco o un tamal, tomándose una chela o viajando en el metro, de ello se alimentan las filosofías esquineras, ¿de eso? de eso y el anhelo por compartir sueños, ideas, reflexiones, libres de sistemas, métodos o academias, procurando con ello, que sea esta una portavoz a la vez que una misma de aquellas filosofías esquineras… 

al Noé 
(Que las Schweizer Böden nunca te quiten lo ñero).
Luis Melchor (#El Tres)
Noviembre del 2023
#LaNaveVa

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