EL CINE COMO ENSAYO

Hay, en el mundillo de la crítica de cine actual, dos maneras de entender el fenómeno cinematográfico: una potente y una banal. Sólo en una de ellas es importante ver la película. Ya vista, están los comentarios y el panorama ensayador para compartir con los lectores o el auditorio. De nuevo, sólo en uno de esos caminitos de divulgación es necesario pensar lo que se miró.
A ese reino pertenece la labor, disfrazada de académica, de Adriana Bellamy, y ahí, en medio de las butacas, está sembrado su libro El cine como ensayo, entre lo literario y lo fílmico (ENAC, UNAM, 2023), obra que se presenta a las 19 horas este 21 de noviembre en la sala 4, ArcadyBoytler, de la Cineteca Nacional del panteón de Xoco, de la que mostramos, a modo en entrevista, un adelanto para invitar a que se apersonen.

¿Cómo fuiste delimitando el ensayo fílmico en tu estudio?
Es una de las cuestiones más complejas con las que me enfrenté. Incluso hoy, después del libro en el que yo traté de generar una definición propia de lo que es el cine ensayo, sigue siendo un tema de debate profundo, pues muchos estudiosos lo tratan como “un antigénero” o “un no género” cuando al agrupar un número de películas con cierto aire de familia se caerá en un tema genérico.
De alguna manera, esta es una de las reflexiones que me siguen ocupando, porque es debatible, no hay acuerdos. Y lo mismo pasa en la esfera literaria, que es una de las cosas que me ocupo en el libro. Esa larga dificultad que ha sido definir al género literario de ensayo la asume el cine.
Entre más ensayos vi, y sigo encontrando, mi definición se fue modificando. Pero sí encontré rasgos reconocibles en varios de ellos que me permitió aventurarme en una categoría que me permitiera manejar al cine ensayo en muchas de sus posibilidades: la presencia de la voz, el empleo de diversos materiales de archivo, el uso de las imágenes, que espero que a los lectores permitan algún anclaje conceptual.

Escribe Bellamy, ya avanzado su libro, laberinto de espejos y espejismos:
A diferencia de lo que encontramos en Marker (tejido múltiple de voces autoficcionales y heterónimas), o en Farocki (reflexionando sobre un mundo técnico-especular desde un “se” demostrativo, cognoscente), Varda realiza un ejercicio pleno de autoría en el que subjetividad, sinceridad y performatividad convergen. Autodidactismo en soledad o en compañía, la cineasta ocupa una doble posición detrás de la cámara y frente a ella; el cine como herramienta transformadora de mundo, retoma sus propiedades de imagen-acontecimiento, o, como alguna vez lo plantearon los cineastas del directo, puesta en situación.

Frente a tu lúcida búsqueda por el trípticoMarker/Varda/Farocki, ¿qué descubrimientos te fueron saliendo al paso del ámbito latinoamericano, algo mexicano?
Sí, en la búsqueda de cine ensayos en otras cinematografías que no fueran precisamente la europea, llegué al caso del Tercer Cine, pero que no es todo, sino algunos ejemplos recurrentes, como La hora de los hornos (1968), de Solanas, los trabajos de Santiago Álvarez, Guillén Landrián, que me han interesado bastante. Incluso escribí ya un capítulo sobre cine ensayo latinoamericano para un libro colectivo sobre el ensayo en diferentes ámbitos (musical, curatorial, literario, etcétera) que se publica en Colombia el próximo año.
Sobre el cine ensayo en México fue para mí una maravilla redescubrir muchas cosas de Gámez, y cómo hay cierto interés reciente por la materia. No es tan frecuente, no es un cine que se haga al por mayor, pero sí encuentras en festivales y muestras de cine mexicano con trabajos así, como el caso de Iván Ávila Dueñas, Gabriela Domínguez Ruvalcaba, por mencionar un par.
Siento que hay un campo fértil que apela a la creación de nuevos cineastas, y por eso sigo por ese camino de investigación.

Así, a partir del encuentro con una cinefilia profunda, los textos de Bellamy dan cuenta de un tremendo entramado íntimo que, en el ejercicio reflexivo perpetuo, nos descubren rutas de nuestro pensamiento. Casi concluye Adriana en el libro:
Como ningún otro género, el ensayo revela la individualidad autoral desde un proyecto discursivo propio, portador de una visión personal, en algunos casos imprevisible y contradictoria. Esa subjetividad que se pregunta sobre algo y reconoce su intervención en un mundo que se le resiste, se aleja de cualquier tipo de disertación dogmática o exactitud pedante, actitud encontrada en el discurso científico empirista o en la antigua pretensión filosófica de pensar la totalidad de todo lo existente. Más bien es una subjetividad en proceso que formula un punto de vista sobre la realidad circundante y se expresa mediante la enunciación experencial, comentativa, en construcción directa con un receptor (lector-espectador).

Acérquese, entonces, a este librín, y vea un cinito desdeotra postura.

Por Praxedis Razo


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