De píe sobre Matías Romero y Uxmal, escuché su voz. No quería desmentirme, no quería dejar de creer, de pensar que era ella y a mí a quien le susurraba esas palabras, ese viejo conjuro. Me convencí y era a mí a quien le secreteaban maleficios, los repetí en la mente, ahí, en la esquina, un taxi se detuvo y el conductor me observaba con atención, estaba por grabarme con su celular cuando un auto le tocó el claxon, avanzó, otros automovilistas no creían lo que veían, mi cuerpo no era mío, pero alguien, algo, lo hacía levitar, mi sangre ardiendo, mis ojos abiertos hasta el estallido, mis labios pegados, sin dejar escapar un sonido.
Una mujer, en la otra esquina, miraba la escena, en su mano derecha sostenía un latte cargado, en sus audífonos se escuchaba I Go To Sleep de Anika
DRN… volado
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