
Ante la penumbra el primer grito del cantante, después, debajo de las luces del lugar, con la luna de noviembre soportando los gélidos relatos de la galaxia, el hombre en el escenario rasga de modo violento el instrumento para que los muertos, los espíritus, las ánimas azoten sus desesperaciones, se desprendan de su más allá y sufran la vida excéntrica en el más acá. Ante las sombras, el espíritu de la música enloqueció a un montón de gente que, felices y alborotados, bailaban y gritaban sin saber que la vida recibía otra dosis leve de alegre muerte.
El toquin de Juan Cirerol es el 2 de noviembre en el Centro Cultural Hilvana.