PANCITA

De nuevo bien pinche crudo. Salgo de casa y camino para revivir. El viento en sus travesuras me lleva a la Portales, la gente grita, vende fruta, pollo, el calor incita a la calma, las filas en todos los puestos, en las tortillas, las cremerías, en los restaurantes, un domingo en donde al parecer amanecimos con una cruz de olvido insensata. En el mercado la carne fresca, la sangre en el suelo, los pescados y sus ojos brillantes mirando la muerte. El olor de la comida, del animal cortado en gruesos cachos. Rica pancita y pozole. Le llego. Comparto mesa con tres personas, preferible a estar afuera tragando sol. Una pancita chica y la michelada clara. El aroma de las vísceras sazonándose, los frijoles refritos, el molito negro, el arroz con huevo frito, dan la bienvenida e invitan a sentarse en fá. Llega el plato chico, libro, pata, cayo, panal, un limón al caldo, sal, orégano y antes un mega trago a la chela en el vaso escarchado, sudo de nervios. Afuera, un señor toca un tambor elaborado con una lata grande de chiles guardesmeños, el hombre trae un penacho y una pechera de piedras azules arriba de su camisa gris, también acompaña la tocadera ancestral con las conchitas en las piernas y una flauta de dulce melodía, digna de una cruda dominical. El hombre pide algunas monedas, y distraído en la pancita, hago que no escucho y paso por esta vez, el hombre sale del lugar. Mujeres, ancianas, adultos, jóvenes frente a un plato que nos deja con los labios manchados de naranja. Un poco más de sal, limón, mordidona a la tortilla echa a mano, de las ricas, mordidona doble, en el televisor un documental antiguo de la vida en la Ciudad. Provecho, para el personal que se queda ingiriendo el alimento, me retiro, obvio, pagando la suma escrita en tinta azul en un papelito blanco. Afuera, un señorón de setentaytantos, cabello blanco, postura jorobada, vende carritos de juguete, le pregunto por un par, nomás por saber, le digo que pa la ostra, que no traigo, pero que estaban chidos, pura joyona, el ruco me sonríe, me dice que sí, y antes de que me largue, me suelta estas palabras mientras se toca el oído: más rápido que tarde. ¿Qué puta maldita cosa me quiso decir? Me largo.

DRN…Cruzando puentes…

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