Las tres mujeres se reían sin tapujos, parecían hienas. Leía Mi madre ríe, de pronto, sus carcajadotas distraían mi lectura, comencé a enervarme y sentirme aludido por sus risotadas, la más vieja de las tres jugueteaba con las otras dos que de cualquier mosca volando se atacaban de risa. Intenté no distraerme, la lectura me decía cosas muy suaves, algo de que debemos recordar que a veces fuimos felices, entonces mi cerebro se dijo, tranqui mai, tú déjate ir, pon atención a tu vida, a tus ruidos y deja que los demás vivan sus infiernos, sus egos, sus exageraciones, déjalas ser en ese vagón del metro, sentadas, protagonizando sus vidas, déjalas ser. Una de ellas, la de gafas, que traía los audífonos puestos, comenzó a cantar cuando el ambiente estaba más #funky, gritaba, y tú que te creías el rey de todo el mundo, alguien emitió un shhhhhhhhh, me acomodé en el asiento, las miré, a las tres, sonreí. Sonreí y me convertí en una hiena más.
El tren avanzó acelerado buscando una luna que se le había perdido ya hace un rato. Me dejé ser.
DRN… mugroso y forever

