DESVARIANDO LOS DESVARÍOS…

Salir al trabajo, tomar el metro, cambiar de anden llegar a la estación en dónde tendrás que tomar el pecero que te llevará al recinto en donde pretendes hacer lo que a diario procuras: “sobrevivir”, tarea tan mínima pero que en la mayoría de las veces siempre se nos olvida, ya sea por andar escuchando conversaciones ajenas o bien por los vendedores que intentan sacar el día desde su ronco pecho o pertrechados de sus enormes bocinotas, mientras se procura guardar la mayoría de las palabras que sabrás escribirlas después. Son los desvaríos recortes de la fugacidad de la vida, tan efímera, que, sin darnos cuenta se hallan siempre presentes, quizá cómo la representación más pura y sencilla del pensamiento libre, aquél que no tiene necesidad de estructurarse narrativamente, quizá a veces ni lógica, pero que por ello mismo evade la monotonía y linealidad del vaivén cotidiano.

Desvaríos mínimos parece esa invitación que muy a menudo deseamos tener, por decirlo de menos, quizá Diego nos invita a probar ese mínimo espacio de libertad, sino a disfrutarla a través de una narrativa sin pudores ni prejuicios, la descripción tan sencilla, y a la vez tan difícil de plasmar en letras, de lo que cotidianamente se nos escapa, “la vida misma”, desde la complejidad de una frase tan breve pero demasiado abierta, profunda y hasta filosófica, hasta la más simple y cotidiana, pero minuciosa conversación del whatssapp. Así, así de simple y compleja es la obra de nuestro autor, una sabrosa lectura que se puede acompañar desde un vino tinto y Miles Davis, o bien con una chela banquetera y escuchando una buena salsa sonidera. Los desvaríos tienen así su lugar en el aquí y el ahora, tan eterno cómo efímero. 

El Tres (Luis Melchor)
Agosto 22 del 2023
#LaNaveVa

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