INFAMÍAS CORTAS, DESVARÍOS MÍNIMOS

Debajo del esqueleto de una ballena. Entre millones de libros. La Ciudad en su desasosiego, en sus nubesotas calmas de tonos grises. En la Biblioteca Vasconcelos, un hombre de corte de cabello militar, pantalones y chaqueta de camuflaje mugroso, rostro hinchado, aliento de días y días de alcohol, camina tambaleándose por el pasillo principal hasta encontrarse con la presentación de quién sabe qué cosa, intenta detener su paso, pero no puede, camina directo hacia las tres personas que hablan a otras tantas desperdigadas en las sillas, el hombre, antes de decidir su movimiento maestro, se toma diez segundo para descansar su peda en una silla, después, sin pena, interrumpe a la presentadora que sin saber qué hacer, con algo de risa en el alma, mira a los otros dos, que, sentados en su incredulidad observan los absurdos movimientos del hombre con apariencia de vago. Palabras incomprensibles, a veces una invitación a entrar en su mundo, en su delirar, en sus Desvaríos Mínimos, en sus Infamias Cortas de viejo borracho impertinente. Ahí, debajo de los huesos de una ballena decorada a lápiz, entre millones de libros, con una Ciudad y sus deliciosas impertinencias, ahí, un hombre con apariencia de vago, que dijo llamarse Rafa, hubo de ponerle un poquito de sal a la vida.

Gracias intensas y desorbitadas a Natalia Durand y Praxedis Razo, que tuvieron a bien desperdigar un ratillo de sus vidas en este desmán. Gracias al Crates que se rifó estas fotonas.

DRN, desvariado, mínimo, infame…


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