En la mañana de un miércoles estaba lloviendo, poco, casi nada, pero sí estaba gris. Frío, un poco también, aguantable. El niño sentado en el suelo, recargado en la jardinera de la avenida, sosteniendo la caja de mazapanes con sus manos; la anciana, de píe frente al niño, le hablaba desde su postura jorobada, noble, le decía secretos fugaces extraviados momentos después en el viento de la Ciudad. El niño apenas sonreía, tenía días que no expresaba un detalle de alegría.
DRN… débil y resacoso…
ENCUENTRO

