Sentado en mis desesperaciones, me imagino en otro sitio, uno distinto; sentado en esta banca de madera, el olor de la cera consumiéndose, las flores frescas muriendo en las macetas y dejando su último aroma en las altas paredes de este santuario. Una señora se arrodilla, le sigue detrás un hombre que también lo hace, detrás de él un joven cargando a su hija, los tres de rodillas murmuran un agradecimiento y miran sinceros al santo delante de ellos, la señora va de rodillas, avanza hasta en donde la multitud también agradece a San Judas Tadeo. Velas encendidas. A un costado de mí una señora comienza a sollozar, aprieta la rosa que lleva en sus manos, más personas entran con distintas ofrendas. El flujo y los murmullos me hipnotizan, el olor intenso de las muchas flores me conducen a un sitio de la mente en donde un vacío embriaga los sentidos, me digo algo y se magnifica en un eco escandaloso, parpadeo rápido para salir del trance, me levanto de la banca, camino mirando de frente al santo, el atrio reluce de tanto dorado, camino hacia la salida entre los rezos de algunas causas perdidas.
DRN… rezandito….
VEINTIoCHO DE JULIO

