
Sus ojos son mentira. Se mueven alocados. Contesta la llamada. Pero no miente, platica y comparte el nombre de la estación en donde el metro se ha detenido a causa de la lluvia. ¿Bueno?… Sí, regresando del trabajo… ¿Dime, qué pasó?… ¿No me digas que ya falleció?… No… Y no tengo crédito… ¿Cómo le hago?… No, pero pues yo quería irme el sábado, allá, a la alberca, a la casa de Lulú… Sí pues ahora ya no sé, a ver, espérame tantito. El metro aún no avanza, no lo hará durante los próximos diez minutos, la mujer coloca el bolso sobre sus piernas, hace malabares con el celular y se lo entrega a su amiga, le sonríe, entrecierra los párpados y le dice que se lo detenga unos minutos, su amiga sonríe mostrando su dentadura desubicada, de formas desquiciadas, debajo de las gafas de bordes plateados sus ojos verdes juguetean con el estrabismo y tratan de no estar atentos a la llamada, sin embargo el tono y el volumen de la voz piden atención, la mujer estira la mano y le pide a su amiga el teléfono. ¿Entonces qué te dijo?… Me imaginaba… ¿Pero fue hoy?… ¿Pero qué, cómo fue?… Ay, es que cuando lo vi estaba muy bien… Pues sí… Ya ni sé… A ver, ¿tienes dónde apuntar chaparrita? Está por leer una cadena de números escrita en la hoja de su libreta de ventas, dicta número por número, frente a ella un hombre golpea con la palma de sus manos debajo del asiento de metal, otro varón chifla reclamando la espera al conductor, a un policía; en las bocinas del vagón chilla una grabación pidiendo paciencia, la marcha del tren será lenta, por su compresión gracias, tres hombres expulsan de sus labios vientos enfadados, música de la molestia, lxs pasajerxs mueven sus brazos, las piernas, giran el cuello, entrecierran los párpados, abren la boca, respiran lento, tosen; a un costado de la amiga de la mujer una joven lee un libro de estadística trés.
Cuando la señora se levantó sus huesos le dijeron basta, no quería moverse, le comunicaban un ardor particular, un dolor siniestro, su ser de calcio deseaba seguir sobre el asiento metálico, antes de dar un paso encorvó unos grados sus vértebras y se despidió de su amiga, cargó su bolso sobre el hombro derecho, se sujetó del tubo de metal, dio dos pasos tímidos sobre el suelo del vagón, se acercó a la puerta y se miró repetida en el vidrio, la calle, los autos, las prostitutas, las personas caminando, se confundían con su otro yo, su falsedad, su no existencia; pero se sintió humana al mirarse en esa superficie, se vio respirar, ejecutó un movimiento con los brazos, al verlo instantáneamente repetido se supo mortal, percibió su respiración acariciando su piel, vientos de su interior, de su calor; sus manos sudando, una de ellas intentó no soltar el tubo metálico, el tren avanzó, se sumergió en los interiores malolientes de la ciudad, la mujer se hundió también.
DRN… apretadito y juguetón…

