LA PERRA

La noche apoderándose de nuestras mentes, a un costado de nosotros los cerros, las lucesitas de las casas que se ven aún más diminutas desde la autopista. La nube negra avisa que lloverá al menos unos cuantos kilómetros. Evil sube el volumen de la música, inicia Not to touch the earth. Una desviación y comenzó el trayecto más oscuro. Lejos, otra luz diminuta nos indicó el destino. Al llegar, una perra, flaca, huesos marcados en la piel, mirada inquieta, pelaje de tonos cobre y oro, echada en la entrada de la casa blanca. Nocturnos. Descendimos del auto. Noa en la intriga de la vida, respirando el aire húmedo del oscuro páramo al que habíamos llegado, Evil puso alarma al auto. La perra debajo de ese faro tímido, olfateó nuestros tenis y se levantó apresurada impidiéndonos el paso, luego, después de segundos en silencio y un frío manotazo del viento, la perra dio media vuelta y avanzó, le seguimos sin saber del extravío humano al que nos enfrentábamos. La perra ladró y la galaxia tornó sus colores a tonos morados. Delicada invitación. Delirantes, entramos a ese otro mundo.

DRN… viajero, así mejor, despistado…

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