
La señora que vende las tortas con pan tipo baguette hoy amaneció más sorprendida, sus cabellos están cargados de electricidad. No pudo dormir bien, en la madrugada se despertó y ya no le volvió la calma del ensueño, daba vueltas en el colchón, se cobijaba para después aventar las sábanas al suelo, cerraba los párpados, intentaba soñar algo, pensaba en lo sucedido durante el día, recordaba algún amor imposible, recreaba su pasado para no olvidarlo, para no olvidarse, pero no llegaba el sueño
Su piel está un poco más reseca que ayer, el viento de las ocho de la mañana le viene bien, en estos momentos de peculiar ansiedad, le da calma y alivia su desvelo. Un suspiro le basta para entender algunas situaciones incómodas que le galopan en la mente. Preferiría estar en otro sitio, y no ahí, de píe frente a la mesa de madera.
Aída. Así le hubiera gustado llamarse. Quizá con ese nombre su vida sería distinta, eso cree, eso piensa. Todavía no sabe porqué no pudo dormir, tiene serías sospechas de que alguien, en otro mundo, en otro sitio, juega con su mente. Aída. Así se llamará, nadie se lo impedirá. Nadie. Tal vez, así, siendo Aída, pueda dormir.
— Martha, me da una torta de jamón, por favor.
No contestó. No lo haría. Su cuerpo comenzó a ser otro. Era otra. Lo supo cuando dio la media vuelta y caminó hacia la parte más oscura de la avenida.
DRN… lunático, desvelado

