
El acordeón me distrae de la mensa en la que vengo, todo ido al carajo, ahora que ya te animaste ver tu rostro en el espejo… tú, tú solamente tú, esta noche voy a verte porque me muero por tenerte… No sé si me gusta la canción, la distracción me ubica en otro estado de ánimo, en alguna otra perversa manera de existir. El auto acelera, la lluvia no descansa, tímida, de pronto más agresiva, bajo la ventanilla, el conductor mantiene la mirada en el camino oscuro, el viento entra en la máquina, da varias vueltas, se luce frío al invadir mis pulmones, la canción acaba y comienza otra, perdón, es que no sé la razón y metí el corazón en donde no debía, no vi la señal de que iba en contravía… El conductor le sube al volumen, frena, aprieta con fuerza el volante, el auto se detiene, la lluvia incrementa su violencia, el conductor abre su puerta, baja y echa a correr. Inmóvil, trato de despertar pero no es un sueño, la música suena, los bajos de la cumbia distraen a mi ser sorprendido, trato de despertar pero no es un sueño, la luz de un camión de carga que acelera en el carril de alta me deslumbra hasta el casi desmayo, el conductor vuelve cuando atrás tres autos frenan y los automovilistas tocan desesperados sus claxons, gritan, el conductor, mojado, entra al automóvil, cierra la puerta, pone la palanca en drive, me dice antes de acelerar desquiciado:
– Ahora sí abroche su cinturón, este viaje no tiene final…
DRN… atrabancado, de a expresso corto

