CHICA QUÉ DICES. ROSALÍA EN EL ZÓCALO

Al Prax, porque puedo, y porque éstas son las mañanitas, #tqm

Friteando la vida, con las venas tupidas del alcohol de días, de días de infiernos y paraísos, de días monstruos, días inolvidables. Me di cuenta que iba pa’ la Rosalía cuando estaba en el vagón del metro mirando a la banda lista para el beibi no me llames, camisas frescas, faldas, colores en la ropa. Friteando, acosándome a mí mismo y con la nena loquísima en la mente, caminé hasta perderme en mí, otra vez, #burro, en mí.

Era fiesta y no lo íbamos a negar. El gobierno haciendo de las suyas para decirnos ven ven ven , caile al baile que va a estar bonito y ya después nos arreglamos con tu mente. Y fuimos, caminamos, se vendía de todo, eh, de todo, gorras, playeras, pósters de la Motomami y lxs motamamis corriendo para llegar a buena hora, pero en este instante, a las siete veinte de la tarde el Zócalo estaba atascado de banda, había lugar en el lado derecho, frente a Palacio Nacional y pues que me cuelo. El relajo andaba jot con las rolas que sonaban en las bocinotas, algo del Uzielito, Selena, de todo un poquitiño, de pronto que dejan ir El Rey con ni más ni more quel Chente, vámonos recio, la pandilla cantando, a todo grito, y compa que le parece esa morra, la pandilla dándose de todo un poco, chelitas, agua, porrito, pipa, algo more, botellucas, pero todo en paz, en tranqui, aromas a dulce, a frutas envainilladas, la rica ganya quemada, el tabaco, los efluvios apestosos que no recomiendan ese platillo. Ya con el ansia empedada, prendieron una pantalla  en donde se dibujaban trazos sumamente #maltripiantes, pero anunciaban lo que se venía, el saokiyo y demás temitas que nos iban alocar hasta ya estoy ocupada olvidando tus males, y yo que no me la puedo sacudir del coco, sigue acá, pues que nomás no me anda queriendo ni hablar ni ver ni en pinche comercial de youtube. Antes de comenzar el relajo, nos pusieron una rolita que hubo de fragmentar mi estabilidad humana y mandarme a la recontra felicidad, la diversión y baile.



Un grupo de pandilles con sus cascos y sus cuerpos en playeritas blanca aparecen en el escenario y se me frunce el chikis, se siente el nervio, también se sienten las ganas de grabar este momento, chale, comienzan a sacar sus celularsotes, bien grandotes, estorbando la visión, o funcionando de pantalla para lxs chaparritxs, más nervios, porque una mujerona con un traje negro huntado en su figura, pechera y botas rojas camina desparramando un #valemadrismo que espanta, emociona, camina, da un paso más, otro, otro, los gritos de las nenorras, de los nenorros, de la alucinada calamidad, el hambre de bailar, las pinches ganas de olvidarlo todo entre esta gente, en esta plaza, en estas fokin ruinas que van a sentir un poquito de perreo, la Rosalía posa hasta adelante de les bailarines, unos segundos, chingos de gritos extraviados en estos cielos, en esta Región Transparente en donde la luna muestra su sonrisa amarillenta, burlesca, Rosalía se quita el casco y entonces valió madre, mami qué dices… La rumba, el baile, el perreón comenzaba y bájate de tu onda, ponte a rebotar esas nalgas, igual, igual así se me olvida. Le siguió Bizcochito, pss, ya valió, a bailar y bailar, rozando con las personas a mi lado, chocando accidentalmente los cuerpos, sudando un poquitico, alocando la cabeza, alborotando las mentiras contadas en mi mente, la gente bailando, riquito, en el escenario sucedía la sabrosura, el deschongue y la entrega  apasionada de Rosalía y su pandille. De aquí no sales, para que la voz de la mujerona aplaque los ruidosos motores de las motos que me tienen desfalleciendo el entender, las motos, el rugir, después el dans, los bailarines observando en círculo el cuerpo que hipnotiza, moldea sueños edulcorados con sensaciones de rabioso amor… Y ya me ha pasa’o que me han ilusiona’o, y ya me ha pasa’o que me han abandona’o, el griterío, la insatisfacción desdichada en coro para decirle a ese mal de amor que chales, que ni modo, que aí pa’ la ostra. Para sacarnos de ese ardido momento, casi casi de lágrimas hipócritas, sonó recio en las ventanas de Palacio Nacional nos besamos pero somos homie… traqueteando la calma, rebotando, #hastaabajito, Rosalía en las pantallas, meneando su astucia frente a la Catedral. Mujerona que agradecía la presencia del motomamerío en el Zócalo, en la vida, y ya no sé ni quién eres diablo.

¡Carambolas!, a la merced de una mujer, su voz, sus movimientos, entre melancolía y jodido odio, desprecio, algún respiro, mira que fácil te lo vo’a a decir esta motomami y ando despechá y alocá que dios me libre de volver a tu la’o lo muevo de un la’o a otro la’o y hoy salgo con mi beibi de la disco coroná, dance que dance para aturdir el fokin recuerdo, la Rosalía se soltaba el cabello sentada en una tosca silla de estética unisex, agitaba la melena enviando su vibrasa a todo el personal, lxs que decidieron venir a este lugar sagrado y reunirse en calma, reconocerse, mirarse entre sí, encontrarse alegres, intensxs, respetuosxs, bailarinxs de la existencia, sí, con un shou del gobierno populista, pero aquí estamos y vamos a darnos cuenta que estamos juntxs, que podemos estarlo en calma, cada quien en su rollo, en respeto, en baile, que somxs muchxs, un chingo, lxs que podemos pasarla delux y sonreírnos y reconocernos.



Atrás de mí, varies comenzaron a moquear, a sufrirle duro, chillando porque, en el escenario la mujerona, en el aire su canto clamando por la llorona, cuántas tristezas nos aquejan esta noche, se han juntado y bajo esas estrellitas cobardonas andamos arrastrando la cobija, pura voz, puro dolor. Apareció el piano, te quiero ride como a mi bike, susurrando para no parecer demasiado dolido, para no acordarse mucho del sinsabor amor, amor amor, amores de los que queremos y nos los andan escondiendo, amor amor y la Rosalía cantando y tocando el fokin piano, hazme un tape modo Spike. Pero wowowowowow, paremos ya, péguenle a los bajos que queremos seguir azotando la indecencia, en el perreki, no me has olvida’o… Rosalía Vila Tobella, toma agua, la cámara le sigue, le sigue por todas partes, en la pantalla le vemos, una película, un shou, la vida en el escenario, se seca la cara, se limpia, se alista, toma más agua, por todos lados hay botellas de hache dos 0, da un trago, sonríe y encanta.

Las maravillas de los cuerpos en el escenario, el movimiento de las carnes, los huesos, de repente son una moto y la mujerona comanda, acelera, aprieta el volante con fuerza, Motomami, las luces nos muestran esa escultura moviéndose al sonsonete de esta música nocturna, puesta pal derroche. Algo de Con altura para distanciarnos de estos suelos, para elevarnos en el movimiento de las ganas de estar allá en donde alguna vez se disfrutó, se rió, se #enculó. El meneito nos trajo Beso, nosotros tenemos la calle prendida, salimos de noche llegamos de día, ¡sácatelas!, dale pabajito, dale y prende y sorprende, la fiesta sigue, un llegue más a la yerba del rey, de la mari, mari, mari, y fak, otra vez acordándose del doler y joder, joder el doler.

Pasó algo, algo raro, Rosalía lloraba, una voz de una mujer mayor hablaba de la familia entre español y catalán, el piano acompañaba las palabras, luego, la mujerona nos recitaba Héroe, ese clasiquito del ayer, de la cursilería. Malamente –creo es la primera que escuché de la mujersota, de la chica de 30- se sintió bien oir esos bajitos en las bocinanonas, entre tanta banda, pa’ ti naki, chicken teriyaki, bombástico el dansfloor en el que se convirtió la Plaza de la Constitución, ayayayyy, parecía que llegábamos al final, el cuerpo, los músculos aún con la memoria de las rolas pasadas, el afectado instante, mi mezcal se acabó, un último pipardo para darle fuego y acabar con estas ganas de valer gorro. Se vendían hartas orejitas con luces, se vendía la mismísima tristeza, se vendía la melancolía a precio barato y la Rosalía la compró, se la di, se la aventé mientras ejecutaba sus últimos pasos de baile en el centro de la Ciudad, de la Ciudad que otra vez me mira regañona, me mira y dice ay este cabrón, otra vez, y otra vez, sí, otra vez.

Supe muy poco, tan poco que, extraviado en mí, en mis visiones, en mis lunas, traté de caminar entre la gente, apretado, chocando, escuchando las voces, ay, no, no grabé nada, yo vine a bailar a cantar y gritar. Caminar en el centro de la Ciudad, la fiesta seguía en los balcones de los hoteles, los bares; la basura en la plancha, las mujeres, los niños levantando latas, los trabajadores en corto desarmando el escenario; no se qué le pasa conmigo dice que está acompañá pero sé que en el fondo ella se encuentra sola, se escapa la rola de algún lugar en donde se deben perder las angustias, fui, me perdí, y las angustias, las angustias ya se las había regalado a la Rosalía. 

DRN… aloca’o, mezcalero, perreador


Deja un comentario