No hablaban español. Antes de tomarles la foto alcancé a escuchar que venían de Xochimilco. Se reían mientras se retrataban digitalmente en el Centro de la Ciudad. Las rocas, los vestigios, la iluminación les provocaba alegría. La noches se les acercó misteriosa entre el viento, sonrieron reconociendo el saludo, la caricia del mundo. Se tomaban fotos. En una querían aparecer los tres y los edificios iluminados detrás. Con la mirada, una de las mujeres me invitó a tomarles la foto. Apenados, el hombre y la otra mujer, sonreían. Dije que sí con la cabeza, me acerqué y el hombre me dio su celular. Se quitaron los cubrebocas, les pregunté que si con flash, el hombre me contestó, con una voz que hablaba otro idioma y se quejaban al hablar el español, que la tomara así, que ya estaba lista. Tomé la foto, el flash, después llegó mi espanto, pude ver detrás de su alegría, pude ver eso muy distinto a lo humano. Intenté explicármelo mientras me acercaba a devolver el móvil. Lo entregué, siguieron sonriendo, mi mente, mi curiosidad, estaban por estallar y elevarse hasta las constelaciones nacientes.
Caminé sobre Venustiano Carranza. Rasqué mi cabeza. Intenté caminar con calma, de tanto pensar sentía que se me iba a olvidar caminar, tropezaría, la gente caminaría sobre mí, ningún paseante escucharía mis gritos. Caminé, caminé sin poder arrebatarle a mi mente las imágenes que había capturado la cámara del móvil. Sonaba Bésame Mucho, la multitud crecía alrededor de un sujeto moviéndose de manera inusual.
DRN… chiflado, citadino, a qué le tiras…

