Los ladridos del perro se escuchan cada vez más cerca, el volumen del reclamo canino aumenta con el frío de la Ciudad de algún enero. Un madrugador camión de la basura acelera a sesenta en tercera velocidad, el perro ladra aún más recio, la noche comienza a quejarse apenas siente molestado su sueño, el ladrido del perro se parece más al grito de una persona, a un grito igual de agresivo, el mismo tono de reclamo.
El piano suena insistente, Alex Turner comienza a cantar en su actitud más arrogante y perdidiza, pareciera que no vale la pena el mundo, la noche amargada y con su piel entumida, los monos árticos en su canción que menciona algún apocalipsis, un hombre muy distraído y una ciudad brillante. Por fin suena la guitarra y me distrae del ladrido del perro, que estoy seguro, no es un perro. La canción, en su parte final, me atrapa hasta el ensueño…
Camino por un largo pasillo, las paredes del lugar pintadas con murales de temas religiosos, grandes nubes con altos contrastes, seres de proporciones escandalosas, azules intensos, rojos realzando algún detalle siniestro, camino el pasillo, parece interminable, intento mirar mis manos, camino, alguien me grita, pero no dice mi nombre, yo obedezco, me gritan fuerte, ¡Gato!, ¡Gato! Ven, ¡Gato! ¡Gato ven! Dicen mi nombre y comienzo a recordar algo de mi pasado, de quién soy, soy el Gato, una mujer loca me puso así, la mujer que también me marcó el rostro, porque hablo con la persona que me gritaba, hablo, le digo que me acuerdo de quién soy, que la mujer loca me marcó el rostro el día que me gritó Gato, Gato, ven, Gato, y yo fui, hablo con la persona que me gritaba, es ella, es la mujer loca, me acuerdo más y camino, camino y sigo hablando, la mujer detrás de mí, comienzo a olvidar por qué me dicen Gato, nadie grita, el lugar es una bóveda gigantesca, oscura y sólo una luz al fondo en donde se adivina que hay un atrio, percibo el frío en mi ser.
La Ciudad en su pálida, toda fría, toda azulada, en su íntima reflexión. El perro aún ladra. Sí era un perro, pero también era una persona, dependía el lugar exacto en donde la manecilla chica del reloj se detuviera por un breve instante..
DRN…en donde el frío dice miau, tirando flou.

