MESERA DE UN CAFÉ

Mi corazón escurre tristezas, mi cerebro chorrea lamentos, la Ciudad acumula charcos en donde se reflejan las construcciones, las personas, el vuelo de las aves; el cielo encuentra en las acumulaciones de agua su espejo mágico, la invariable noción de su existencia, de su importancia en esta esfera que cuelga angustiada.

  • ¿Éste de dónde es?
  • De la cuatro…
  • ¿De la cuatro?
  • Sí, de la cuatro, pero me equivoqué, se me fue, pidió pechuga sola…
  • … Y ésta es gratinada…
  • Sí manita… chin, orita veo..

Gota a gota me canso en reclamos, me obstruyo el paisaje a mi alrededor, trato de no confundirme tanto. En la cocina del café le suben un poco al volumen cuando se escucha en las bocinas Cómo la quiero, cuánto la extraño. Le doy un sorbo al lechero cargadito para sentir la vida en los nervios, en la sangre.

  • … Sí señor, ya se la cambio, disculpe… (cuando se acerca a la caja se le ve algo desesperada, digo, eso es lo que se nota en sus ojos, lo demás es cubrebocas y manoteos incrédulos. Teclea una cifra en la pantalla, lo hace de nuevo, de nuevo pero con más coraje, vaya día, y llueve)
  • Se van de la ocho…
  • De la ocho, bien, ya voy…

El auto acelera pero la música le gana al motor, Quiero morir en tu piel, seduce a las sombras que caminan por las…

La luna, muy grande, la luna tremenda, brillando hasta hacer estallar las pupilas, la luna sacrificada, la luna más cerca de la existencia. Una Ciudad en colapso, un temblor inesperado, la luna en Coyolxhaouqui, inmensa, de regreso, la luz, una luz en donde desaparece la existencia.

DRN que te dice que no que si, que no, a ful con el flou.

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